REVISTA QUE LEER
Bocados de irrealidad
Por Ricard Ruiz Garzón
El disparatado círculo
de los pájaros borrachos es una novela disparatada,
circular en su estructura y borracha de ficción.
Su planteamiento, sus formas, su desarrollo e incluso sus
personajes son disparatados, operan en círculo y
se emborrachan de literatura. Su realidad, por ende, es,
como la nuestra, una realidad disparatada, circular y embriagada,
eso sí, más de metaficción que de metaliteratura.
¿Queda algo entonces que sostenga la novela? ¿Es
disparatada, circular, etcétera, etcétera,
la decisión del jurado que acaba de concederle el
XII Premio Lengua de Trapo? Como dijo Jack el Destripador,
vayamos por partes. En primer lugar, la de Aparicio-Belmonte
es una novela fresca, original ¿sí, esta vez
sí¿ y, pese a su sobredosis de sobredosis,
coherente hasta en el plumaje de su ebrio protagonista,
que bebe, bebe y bebe de su imaginación para sobrevivir
en un entorno hostil. En segundo lugar, sus excesos están
al servicio de tres raras y encomiables pretensiones en
la narrativa actual: una trabajada estructura, una voz muy
trabajada, tanto que se multiplica, y una sátira
procaz que se trabaja por igual a políticos, artistas,
editores, psiquiatras, comisarios y hasta un Mesías
que comenta la Liga en arameo. Todo lo cual, en fin, no
quiere decir que esta sea una novela fácil, ni siquiera
agradable. Sus constantes saltos entre dimensiones, sus
aparentemente caprichosos cambios de persona y personaje,
sus cervantinos recursos y su querencia al surrealismo imponen
una lectura atenta y exigente. No podría ser de otro
modo: en esta novela hay, sí, un sinfín de
disparates, pero su gracia está en que hay muy poquitas
tonterías.